La Paz: O la Tierra Prometida que predijo Moisés

Luego de la experiencia de ensueño que tuvimos en Uyuni, seguimos la travesía rumbo a La Paz.

Una ciudad sobrepoblada, caótica, barullenta y hermosa. De una inmensa diversidad natural y cultural y con ayuda de Wikipedia, descubrimos que se encuentra a 3600 metros sobre el nivel del mar y cuenta con una extensión de 133.985 Km². Siendo capital adoptiva de Bolivia: es una de las siete ciudades maravilla del mundo.

Piquetes inesperados nos atajaron la llegada. Pasamos toda una noche y parte de la mañana varados detrás de una larga fila de camiones. Angustiados por la noticia que la cuestión seguiría por un tiempo indefinido, pero con las ganas de avanzar, decidimos AGARRAR NUESTRAS MOCHILAS y cargarlas a nuestras espaldas y continuar a pie.

Mochilas al hombro y a caminar!
Mochilas al hombro y a caminar!

Admirando el paisaje a la vista: una cordillera de montañas gigantes y nevadas, nos quedamos todos estupefactos. Algunos aprovechaban para sacar la foto de sus vidas y llevárselas de recuerdo eterno. Otros simplemente lo almacenaban en el álbum de sus cabezas, priorizando tal belleza para hacer de ella una especie de mantra natural.

Siguiendo las montañas nevadas
Siguiendo las montañas nevadas

Luego de kilómetros y kilómetros de tranquilidad en la carretera, a la mitad de nuestro destino nos encontramos con un ambiente turbio y confuso. Una marea verde, y no precisamente por un mar o montaña, sino de uniformados verdes marchando con escudos y garrotes hacia nuestra posición, hizo que se nos erice la piel de miedo/terror. En eso, un periodista y su camerama se nos acercan a avisar que los cascos verdes iban directo a la zona de huelga y aprovecharon para entrevistarle a uno de nuestros amigos, cuando afortunadamente un bus se acercó por detrás y nos ofreció llevarnos hasta la terminal por 5 Bolivianos. Sin mediar palabra, nos tiramos para dentro.

Cascos verdes marchando dirigiéndose rumbo a la zona de huelga
Cascos verdes marchando a la zona de huelga

De entre las serranías, empezamos a ingresar a la metrópolis más alta del mundo: La Paz nos daba la bienvenida con una postal urbana que jamás había visto. Literalmente me quedé atónito al ver toda la ciudad desde arriba, fue como entrar a un coliseo natural. Este territorio se encuentra en el interior de una enorme cañada llamada: “La Gran Hoyada Altiplánica’’, donde casas y edificios dan la impresión de ser tan diminutos como un conjunto de hormigas tratando de trepar hasta lo más alto del cielo. El panorama que regala la vista desde la pendiente es absolutamente impresionante.

La gran hoyada altiplanica, más conocida como La Paz
La gran Hoyada Altiplánica, más conocida como La Paz

Una vez abajo del micro, descendimos el corazón de Bolivia. Al parecer, la caravana que nos llevó asombró bastante a los lugareños. En ese momento, escuchamos la conversación de dos hombres preguntándose de dónde habíamos salido, definitivamente impactados por la cantidad de mochileros que copamos el recinto, y uno le respondió a su amigo: “Es que La Paz es la tierra prometida, la misma que dijo Moisés”.

Terminal de ómnibus. Los primeros pasos en el la ciudad
Terminal de ómnibus. Los primeros pasos en el la ciudad

 

Mochileros en las calles de la Paz
Mochileros en las calles de la Paz

Lo segundo que nos hizo pensar sobre las costumbres locales fue la peculiar forma en la que los conductores bocinan ante cualquier mosca que se les cruce en frente. Lo hacen de una manera tan profunda que logran un ambiente tan barullento que desespera a cualquiera. Imaginate estar en una urbe colapsada de automovilistas poco pacientes, creando una orquesta donde todos los instrumentos son el “piiiip piiiiip” de cada vehículo. Pero esto es algo que vas asimilando hasta que se vuelve algo totalmente normal.

La Basílica de San Francisco: atractivo turístico que no puede faltar en tu itinerario de recorrido

El templo fue terminado a mediados del Siglo XVIII. La fachada es de estilo barroco. Su construcción duró unos 40 años y su retablo es célebre en todos lados por la fina talla, tratada nada más y nada menos que en pan de oro. La iglesia cuenta con una valiosa colección de obras: renacentistas, barrocas mestizas y neoclásicas y en todo el ambiente se respira la historia y el arte de otras centurias.

Vista de la maravillosa Iglesia San Francisco
Vista de la maravillosa Iglesia San Francisco

A pocas cuadras, se encuentra una nueva gran parada: el popular “Mercado de Brujas”, un espacio colorido donde existe una gran diversidad multiétnica. Lo bautizaron así porque en este lugar se encuentran todo tipo de amuletos.
Para la fortuna: ideal entre los que anhelan tener un largo paso por la Tierra. Así como también para el viaje, la sabiduría o el empleo, hasta incluso fetos de animales (???). Todo instrumento que se pueda asociar a los ritos indígenas. Estos elementos son necesarios para llevar a cabo “trabajos” que son realizados por hechiceros.

Pero no solo vas a encontrar eso, sino también una gran diversidad de artesanías trabajadas en cuero, hilo, madera, plata e infinidad de materiales, como: textiles hechos con las tradicionales telas de alpaca (que por lo general cuestan más caro por la fina materia prima con la se que trabaja), bijouteries, carteras, calzados y un sinfín de productos para cualquier tipo de necesidad. Así que no dudes en visitar y hacer unas compras en este tradicional centro comercial.

La autonomía que tiene Bolivia también es algo digno de destacar. Sus habitantes venden y compran lo que producen y consumen mucho lo nacional. En cada esquina hay puestos de: jugos, verduras, fruterías, snacks hechos con frutos secos, souvenirs manufacturados y los infaltables carros de salchipapas. Acá difícilmente encuentres un McDonald’s o un Burger King.

Vista de la ciudad junto a la Plaza de Mendoza
Vista de la ciudad junto a la Plaza de Mendoza

Sin desperdiciar más tiempo, aprovechamos para agregar a nuestro city-tour el fantástico “Valle de la Luna”: otro atractivo turístico que se encuentra a unos 10 km del corazón de La Paz. En la calle preguntamos la dirección y fuimos hasta una minivan que nos dejaría cerca (los transportes públicos en su mayoría, son rodados para 8 pasajeros como máximo a los que al lograr que te paren, sos vos mismo el que tiene que deslizar la puerta y pedirles a los pasajeros que se corran un flash para hacerte un espacio. El costo del pasaje ronda entre los 2 y 2,5 bolivianos y no existen boletos como los conocemos usualmente…)

Parada de bus con un peculiar fondo de arte graffiti
Parada de bus con un peculiar fondo de arte graffiti

Hicimos un trasbordo: en el primero, nos trasladamos desde la catedral de San Francisco y en el segundo, fuimos hasta el desvío que conduce al Valle. Cuentan que este sitio fue bautizado con ese nombre por Neil Armstrong, cuando en 1969 se encontraba de visita por el país. El motivo: la simple y novedosa razón de asemejarse al suelo lunar…

Valle de la Luna. Uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad
Valle de la Luna. Uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad

Después de eso, no podíamos dejar de subir a nuestro primer teleférico: utilizamos este medio por su practicidad y novedad para volver a nuestro hostal. No evitamos impresionarnos y alterarnos a la vez al subirnos, porque era algo que jamás habíamos hecho antes, ya que se trata de un sistema aéreo que une a La Paz y El Alto a través de unos aparentemente simples cables. Actualmente existen tres líneas: la roja, la amarilla y la verde y próximamente habilitarán una más. Por el momento, este es el más largo del mundo y desde arriba se puede apreciar la bella y gigante inmensidad de esta localidad.

teleferico-la-paz

A la noche salimos a buscar la cena y de paso saborear la gastronomía propia de nuestros vecinos, que tanto nos habían promocionado en la previa. Lastimosamente no tuvimos mucha suerte, ya que la mayoría de los locales cierran a las 21 hs. excepto los bares, pero cuyas cocinas también levantan la carpa temprano y solo se encargan de que la gente tome, sin importar qué día de la semana sea exactamente. Algo muy raro para una de las preferencias turísticas por excelencia.

Afortunadamente, antes de darnos por vencidos e ir a comer las “Criollitas” que teníamos en el hostal, encontramos un restaurante que cerraba a las 12 y que con mucha predisposición nos atrajo sin dudar. Fue ahí donde aprendimos que nunca debés pedirle al mozo una bebida con hielo, porque lo vas a desorientar bastante en su trabajo, ya que en ningún establecimiento lo tienen: un golpe bajo para los paraguayos que vivimos con el tereré a cuestas.

Peeeeeero: ¡Siempre hay tiempo para unas Paceñas!

Luego de comer, nos mandamos mudar en busca de esta birra elaborada, como su gentilicio lo indica: en La Paz. Y nos topamos con amigos, en una fiesta donde pasamos una noche inolvidable con personas que venían de todos los rincones del orbe, compartiendo nuestra misma pasión: conocer el universo de punta a punta.

Barman preparando super tragos en la fiesta del hostal
Barman preparando super tragos en la fiesta del hostal

En la mañana, desayunamos y nos preparamos para una de las mejores experiencias del trip: fuimos al imponente “Camino de la Muerte”, cuya travesía nos demoró un día entero y por ende volvimos cansados pero con una felicidad indescriptible.

Así terminaba nuestra expedición por este alucinante y hasta si se quiere exótico paraíso urbano, que nos hizo desde siempre parte de él y él se volvió una parte nuestra. Las enseñanzas y anécdotas que nos brindó serán eternos y difícilmente nos olvidemos de alguna…

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