Ciudad de Melbourne

Melbourne: Welcome to muy lejos de casa (I)

Canguros, koalas, las playas más hermosas del mundo, canguros, surfistas con six-packs, canguros, australianos easygoing, bichos raros, canguros, Thor, más canguros:
Eso era de todo lo que se hablaba cuando conté que me mudaba a Australia. Yo trataba de apartar los canguros de mi mente y me imaginaba que era como mudarse a otro planeta.

Nada podía salir mal. El pánico pre-viaje no se apoderó de mi mente (del todo) y traté de pensar en lo que una ciudad como Melbourne tendría para aportarme culturalmente. Estaba segura de que me esperaba una avalancha de paisajes urbanos y naturales, que sería difícil tener espacio para todo en mi disco duro.

Mi pizarra de despedida
Mi pizarra de despedida
Primer aeropuerto: Silvio Pettirossi
Primer aeropuerto: Silvio Pettirossi

A un mes de haber llegado, más dos días de haber salido de mi país y uno perdido en la dimensión secreta de los aeropuertos (?) y aún tratando de acomodar mis emociones y mi mente, como lo hice con todas mis cosas en la maleta, pienso que contarles un poco sobre eso, me ayudará a zipear el último par de confusiones en ese recoveco de mi cerebro.
Por eso, más que hablar de Melbourne: hablaré de todo lo que implica haber llegado hasta acá.

Despegar mi mente...

Despedirme de todos no fue tan difícil como me imaginaba. Supongo que ya venía preparándome psicológicamente. O bien, no me caía la ficha. Me atrevo a decir que hasta había gente a mi alrededor que estaba más nerviosa que yo.
Los aeropuertos de tránsito fueron muchísimo más fáciles que lo que mi cabeza me había contado. Luego de casi 14 hs. de vuelo, llegaba desde Ezeiza a Auckland y no entendía por qué el calendario se saltó un día. Otra cosa que no cerraba era el acento. Y ahí apareció el primer mini-pánico.

Aeropuerto de Ezeiza
Aeropuerto de Ezeiza: 4 hs. de escala.
Amaneciendo en Auckland
Amaneciendo en Auckland, 4 hs. más de escala

¿Qué pasa si no entiendo nada?

Estaba mudándome a un país donde todos hablaban un idioma diferente al mío. Obviamente no pensé que sería fácil, pero no se me cruzó la idea de no entender casi NADA de la mayoría de las cosas que decían. En Auckland, tuve que preguntarle 3 veces a una señora en una tienda: ¿Qué era lo que me estaba queriendo transmitir?. “Do you want a bag?” “A güat?”. No entendía cómo pronunciaba BAG: ¡Una palabra mega sencilla! FAAAA…

Y al aterrizar 28 hs. y cuatro aeropuertos después…

Llegar al Aeropuerto de Melbourne no fue nada light: No solamente porque tenía que cargar con mis maletas, sino con todas mis emociones. Por suerte, el proceso de moverme hasta donde tenía que alojarme, sí fue más sencillo. Y menos mal que las dudas no ocupan espacio. Porque no hubiesen entrado en la casa.

 

Un nuevo mundo de trámites

Mi alivio de haber terminado los papeleos en Paraguay no duró mucho. Ya que me esperaba otro universo con formas totalmente diferentes de hacer incluso las cosas más cotidianas. Y hasta algo que parecía trivial (como cruzar la calle o pagar con la tarjeta en el super), me parecía una onda “Dimensión Desconocida”.

¿Dónde están los canguros?

Lo más exótico es que, a casi dos meses de haberme salido totalmente de mi zona de confort: No solamente no vi ningún canguro, sino que tampoco me crucé con demasiados australianos. Estoy rodeada de gente de otros países: chinos, indios, franceses, neozelandeses y mil etcéteras de todos los gentilicios que se puedan imaginar. Lo que hace que sea un poco difícil cruzarme con los que juegan de local.

Los números no se pueden traducir…

Es complicado discernir muchas de las frases que escucho, pero es MÁS difícil traducir números. O sea: si estás todo el tiempo haciendo el cambio te volvés literalmente loc@. TODO es muy caro. Así que ni vale la pena ponerse a pensar en cuántas veces más pagás por una birra o 4 tomates (cue$tan lo mi$mo!).

Ofertas en los supermercados de Melbourne
Ofertas en los supermercados de Melbourne

Pero esto es solo el comienzo… de una montaña rusa de emociones.

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