Titicaca: un lago en el cielo

Salimos de La Paz y nos dirigimos rumbo al Lago Titicaca (lago sagrado), el segundo más grande de Sudamérica y el navegable más alto del mundo. Está ubicado a unos 158 kilómetros de La Paz (más o menos unas 3 horas de viaje en bus).

Con unos 3,841 metros sobre el nivel del mar, sus 8 km² son compartidos por Bolivia y Perú.

Nos íbamos acercando y a lo lejos empezamos a ver los primeros reflejos del lago. Hicimos nuestra primera parada en lo alto de un cerro y bajamos a un mirador. De ahí pudimos apreciar el extenso azul. El clima era frío, con ráfagas de viento considerablemente fuerte. ¡Claro! Íbamos por los 3.841 metros de altura. Nos sacamos unas fotos, disfrutamos del hermoso paisaje que nos regalaba la  Pachamama y seguimos la travesía.

El trayecto está rodeado de montañas y entre ellas, habita una porción escasa de población, que se dedica exclusivamente al cultivo de vegetales y a criar animales. A medida que vas ascendiendo, podés apreciar la enorme dimensión de este monstruo transparente rodeado de un intenso verde.

Vista del Lago Tititcaca desde San Pablo de Tiquina

Continuando nuestro camino, llegamos a San Pablo de Tiquina, donde el camino se terminaba y el lago era el encargado de dividir esa ciudad con Copacabana. De modo que la única forma de trasladarnos hasta el otro lado era a través de balsas. Al bajarnos del micro, nos encontramos con un pequeño mercado donde las cholitas ofrecían a los turistas diferentes tipos de comidas hechas a base de pescado, ideales para animarse a experimentar y saborear la gastronomía local.

Cholitas ofreciendo comida local a base a pescado
Cholitas ofreciendo comida local a base a pescado

Cruzar el lago en balsa tiene un costo de 2 bolivianos. Compramos los boletos en el puerto y nos subimos para apreciar de cerca esta belleza natural. La claridad del agua, dejaba incluso ver nadar a los peces en lo profundo.

Gracias a su pureza, una variada fauna y flora compuesta por patos andinos y múltiples especies de peces la habitan, además de una infinita diversidad de plantas acuáticas.

 

Puerto de San Pablo de Tiquina
Puerto de San Pablo de Tiquina

 

Las tradicionales alpacas
Las tradicionales alpacas

Una vez en Copacabana, situada en la ribera del lago y capital de la provincia de Manco Kapac del departamento de la Paz, notamos que la mayoría de los lugareños entre los más de 6000 habitantes, se dedican a actividades turísticas, ya que todos los días reciben a centenares de viajeros, quienes acuden al lugar interesados en la cultura religiosa, el santuario de la Virgen de Copacabana y para subir al Cerro Calvario. Ésta fue la ruta que tomamos nosotros y mientras más nos aproximábamos, la subida se dificultaba por el esfuerzo que demandaba la falta de oxígeno.

Con mucho sacrificio hicimos lentamente el recorrido, replicando las 14 estaciones del via crucis hecho por Cristo desde su captura hasta su crucifixión, también conocido como “estación de la cruz” y “vía dolorosa”.

En resumen, esta peregrinación se trata de un acto de piedad; un camino de oración que busca la meditación de la pasión y muerte de Jesucristo en su camino al calvario.

De a poco íbamos tocando la cima. Al principio solo con la intención de coparnos con ver el atardecer en la cúspide, pero pasos antes de llegar nos sorprendió la celebración de un ritual sagrado, donde 4 señores ancianos, le dedicaban unas plegarias a la Pachamama, con el fin de dejar en sus manos todos los deseos personales que cada uno tiene.

En Bolivia, la Pachamama es identificada como la virgen de Copacabana.

Trayecto de subido al empinado cerro
Trayecto de subido al empinado cerro

Al finalizar, procedimos a retomar lo que restaba de la colina. Así que le metimos pata hasta dejar el alma en esa, que se convirtió en la arribada de nuestras vidas. Al lograr nuestro objetivo, nos encontramos con varios altares formados en fila y unos puestos donde vendían juguetes que representaban los deseos que las personas le pedían a la Pachamama (autos, casas, entre otras cosas) y que desembocaban en un imponente mirador.

El paisaje que con el que nos encontramos frente a nuestros ojos literalmente te dejaba sin aire. Desde ahí se podía apreciar aun más la inmensidad del lago, tan extensa que no llegábamos a ver el final. El azul se volvía más brilloso y las montañas se lucían a su alrededor con la puesta de sol.

Vista desde la cima del Cerro Calvario
Vista desde la cima del Cerro Calvario

 

Vista de las islas desde la cima
Vista de las islas desde la cima

Fue toda una experiencia muy cultural, pero por sobre todo natural. En 30 o 40 minutos estuvimos a milímetros de tocar el cielo con las manos. Y el esfuerzo, es algo que valdrá la pena seguir contando…

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