Reflejo en el Salar

Uyuni: Nuestros sueños reflejados en un salar

Lo que tu mente refleja en un sueño, en Uyuni se materializa en la realidad.

Partimos de nuestro país rumbo a unos de los más grandes viajes: Una aventura donde distintos tipos de personas nos unimos para cumplir el ideal de poder conocer algunas de las tantas maravillas del mundo. Así llegamos a nuestro principal destino, el Salar de Uyuni, el desierto de sal más alto del mundo, que cuenta con una superficie de 10.582 km², al sureste de Bolivia.

La emoción se hacía cada vez más grande a medida que se acercaba la hora de llegar. Nos despertamos muy temprano para desayunar lo necesario y cargar energías de cara al día que teníamos en frente. Partimos a las 10 am en una larga caravana de camionetas, acompañados por personas con experiencia previa en el desierto de Uyuni.

Nuestro guía, el joven Leo, un chico boliviano de tan solo 18 años que vivió toda su infancia y juventud en la ciudad, con servicio militar culminado a los 17, hoy cursa el último año del colegio y ya tiene la responsabilidad de conducir a los turistas al mágico destino.

Durante el viaje nos divertimos muchísimo. Le pusimos tanta onda que hasta Leo, que aparentaba ser bastante introvertido, se prendió de una a kilombear con nosotros y a responder todas las preguntas con las que lo atacamos. Ya entrados en confianza, el intercambio fue mutuo. Como extranjero quiso saber qué estilo de música escuchamos en Paraguay y nos pidió que pusiéramos una cumbia nacional. Entre toda la algarabía, como si fuéramos una hinchada improvisada, lo ovacionamos con el popular: ¡¡¡Oleeeee, olé, olé, olé… Leeeeeooo, Leeeeooo!!! Y no pudo ocultar su felicidad regalándonos una sonrisa que prácticamente le cubría toda la cara. Para terminar prometiéndonos, que al terminar el colegio, él también nos visitaría.

Nuestro chofer, Leo. Tuvimos la sensación de que se divirtió tanto como nosotros.

El recorrido duró una hora y lo disfrutamos charlando y sacándole fotos a todo lo que veíamos como si fuéramos viajeros coreanos (?). A lo lejos, una superficie de cristal nos atrapó a todos.

Las luces salían del cielo y se fundían en la tierra. Como marineros que avistan una isla después de varios meses a la deriva, nos inundaron sensaciones inexplicables en todo el cuerpo: Habíamos llegado al majestuoso Salar. Un espejo enorme que calcaba el inmenso celeste, nuestras figuras y hasta nuestros sueños más grandes.

Impacientes, bajamos de la camioneta con todo. Empezamos a correr como esas criaturas, mirando en 360 grados sin saber a dónde ir, por la enormidad y brillantez que proyectaba el paisaje entero. En medio de la adrenalina, Leo nos permitió subir al techo de la camio, para visualizar mejor esta obra maestra de la creación. Desde arriba, el sabor a sal se palpaba en el viento y se veían las montañas cubiertas con nieve infinita. Lo que nos llenó de entusiasmo porque: ¡Sí señor! Éramos nosotros, los amigos a quienes unió esta travesía, cumpliendo uno de nuestros mayores anhelos.

La impresión se nos desbordaba a medida que hacíamos el tour desde el techo. Yendo cada vez más rápido, sujetándonos unos a otros para no caer al suelo, con la mirada puesta en el siguiente extremo. Y arriba, nuestra más importante compañía, un pedazo de tela tricolor destellando justicia, paz y libertad.

Como buenos viajeros, bandera paraguaya en el Salar de Uyuni.

Tras unos minutos, llegamos a un lugar cristalino, reluciente, en donde las personas se volvían hormiguitas contrastando el imponente desierto. Lo exploramos con las ganas de alcanzar cada posible extremo. Seguimos sacando fotos, corrimos, gritamos y ¡liberamos todo lo que había en nuestras almas!.

Después nos dirigimos a un hotel hecho completamente de sal y la atracción se hacía aún mayor. Era un pequeño paraje de color blanco con una gran variedad de muebles hechos del mismo material.

Hotel ubicado en el salar, diseñado completamente con bloques de sal

A medida que avanzábamos, el camino no dejaba de sorprender. Nos topamos con una pequeña base donde flameaban banderas de distintos países, clavadas por anteriores visitantes de todas partes del mundo en señal de conquista.

Banderas de todo el mundo flameando en el Salar
Banderas de todo el mundo flameando en el Salar

A medida que el sol bajaba y nos deleitaba la vista, la escena se transformaba en una de las postales más hermosas de nuestras vidas. En silencio, disfrutamos el momento con mucho amor y respeto hacia la madre naturaleza.

Estrella formada con el reflejo en el agua
Estrella formada con el reflejo en el agua

De esta manera, el día llegó a su final, con imágenes no capturadas por un aparato electrónico, sino por nuestras propias retinas, para quedar archivadas eternamente. Y con un cierre tan extraordinario, no quedaba otra que volver al hostal, silenciosos, sin siquiera mirarnos, porque nuestros rostros hablaban por sí solos, luciendo ese sabor exótico que te deja un sueño al convertirse en realidad.

4 Comment

  1. Laura says: Responder

    WOW! Que hermoso escrito, orgullosa de que sus sueños se hayan cumplido con EJU 😉

  2. Aniana says: Responder

    De la graaaan siete. .. Así tal cual vivimos… excelente narración amigos aventureros!!

  3. Carol Aguero says: Responder

    Genial tu relato! Me encanto! Voy en Enero 2017 al Salar de Uyuni y al leer esto me lleno de ansiedad! Gracias!

  4. Gustavo says: Responder

    Después de leer esto fue como si hubiera vivido en carne propia todo! Excelente el relato! Pronto tambien les sigoo… 👌✌

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